Blog del Centro Excursionista de Cartagena

Que no te lo cuenten…. ¡VÍVELO!

¡QUÉ BUENO QUE VINISTE! SIERRA ALMAGRERA. BARRANCO JAROSO‏

en 11 marzo 2013

Hola, adjuntamos un precioso relato que nuestro compañero José Angosto hace al hilo de la excursión realizada el pasado domingo. También crónicas, fotografías y pensamientos de algunos compañeros que disfrutamos la excursión.

 

 

Hola

Me ha gustado el planteamiento de Senderista Total. Cuando empiezas a conocer a las gentes que habitan y habitaron un lugar, la excursión entra en otra dimensión. El paisaje nunca es natural. Es la huella y el testigo de la larga y dura experiencia humana.

En cuanto a los aspectos medioambientales te comento algo que me ocurre.

Últimamente, por diferentes motivos, salgo muy poco al monte, mucho menos de lo que desearía. Me pierdo muy buenas excursiones que se organizan en el Club. Eso sí, me consuelo un poco leyendo las crónicas y viendo las fotos de las salidas realizadas. Las revivo, viendo cómo han disfrutado los compañeros del club. Son los testigos de que existen lugares fuera de lo habitual y que pasan a existir porque alguien los visita. A partir de ese momento, ya nada vuelve a ser igual. El senderista pasa a ser cómplice y guardián de la casa de la naturaleza. Si has andado por un paraje y has disfrutado de su belleza, ese sitio forma parte de ti. Ya no serás ajeno a lo que le pueda ocurrir.

Bueno, pues tenía que decirlo.

Salud,

José A.V.

 

 

 

Fotografías de JuanMi

Hola. Aquí  dejo el enlace de las fotos de la Ruta por la Sierra Almagrera.

Ha estado genial. Ha sido mejor de lo esperado, una bonita aventura haciendo la cabra.

Un  abrazo.  Nos vemos en el monte.
JuanMi Miñarro

 

Fotografías de Nuria

Después de haber recorrido la Sierra Almagrera y ver como se destroza una montaña para recoger plata, una se plantea si realmente se necesita ese tipo de material para algo, es decir, si de verdad debemos ponernos joyas sabiendo que van a destrozar nuestro entorno.

 

Por lo demás la ruta sin más percances, una subida en frío bastante pronunciada que le costó hasta al más experto, pero que después de haberla subido, el resto del camino pareció un camino de rosas hasta llegar a las tan temidas bajadas para mí, pero que se solventaron con paciencia y consejos de los que venían por detrás.

 

Lo más gracioso para mí fue cuando Cristóbal exclamó un “¡seré idiota!”, cuando  se dio cuenta de que para salir del poblado minero no hacía falta volver lo andado sino simplemente seguir adelante por una de las calles y listo.

 

Aquí os dejo mis fotos, espero que os gusten y que estéis en alguna de ellas

 

 

 

Fotografías de Cristóbal

Esta ha sido una excursión muy especial para mí. Porque si trabajo nos costó ascender el Plano Inclinado por el que se deslizaban las vagonetas con el mineral, ascendiéndolo pensé ¿cuanto les costaría construirlo a los mineros? El trabajo y las vidas quebradas en esta sierra estremecen, a la vez que debe hacernos pensar que lo mismo está ocurriendo actualmente en países de África, donde son explotados hasta niños para extraer el Coltan que nos permita cambiar de móvil cada año en nuestro mundo civilizado. 

 

También ha sido especial porque han venido compañeros asiduos que por diversos motivos dejaron de venir a finales de año. Ha sido una gran alegría inesperada. Es triste decirlo, pero siempre valoras más a las personas que te rodean, cuando dejan de hacerlo.

 

No es una querencia freudiana, pero veo una chimenea o castillete y “me pone”. No me malinterpretéis, os hablo de un gran amor platónico hacia esta sierra, ese que motiva e impulsa al conocimiento de la Forma de la Belleza así como a la contemplación de la misma. Los contrastes, los colores de esta sierra, son únicos. Cada vez que vuelvo a ella me parece igual pero distinta, pero siempre bella y hermosa.

 

 

Os pido disculpas por convertir la crónica en una epístola. Ya puesto… concluyo con la siguiente reflexión.

La montaña tiene mucho más que ver con la vida de lo que pensamos. En ella, las prioridades cambian y suceden vivencias inolvidables. Un día en la montaña equivale a dos en la ciudad. En ella, conceptos materialistas y competitivos se tornan altruistas y solidarios, ofreciéndonos enseñanzas para llevárnoslas a casa en la mochila. Quien interioriza los valores que la montaña transmite, está conquistando la cumbre más difícil… la de su propia vida.

 
 
 
 

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